Por: Fidel Lorenzo Merán
En la actual coyuntura electoral dominicana, preocupa el divorcio entre las necesidades reales de la ciudadanía y la oferta política de quienes aspiran a dirigir los destinos del país. Vivimos una campaña cargada de promesas genéricas, slogans publicitarios y figuras que apuestan más al espectáculo mediático que a un proyecto de nación sostenible y justo.
Los candidatos abundan. Muchos tienen una clara vocación electoral: saben ganar votos, conocen las estrategias del mercadeo político, manejan los tiempos, los colores y los símbolos. Pero detrás del maquillaje electoral, ¿qué queda? Muy poco. Una gran mayoría omite —intencionalmente— los problemas estructurales que laceran a la población dominicana: la inseguridad, la precariedad del sistema de salud, el desempleo juvenil, el alto costo de la vida, la corrupción, el deterioro ambiental y el colapso de los servicios públicos.
Parece como si estos males no existieran. Como si no dolieran. Como si no bastara vivir en un barrio marginado o depender de un hospital colapsado para comprender la urgencia del cambio. En lugar de propuestas transformadoras, recibimos campañas vacías, cargadas de promesas recicladas y discursos desconectados de la realidad.
Lo más alarmante es el letargo de la sociedad. El pueblo dominicano, con una historia de lucha y dignidad, parece estar adormecido. Deslumbrado por la publicidad, seducido por los slogans de los partidos y atrapado en la polarización, corre el riesgo de entregar su esperanza a quienes no tienen verdadera intención de servir.
Hay candidatos “nuevos” que parecen viejos, arrastrando prácticas clientelares y discursos huecos. Y hay otros “viejos” que intentan disfrazarse de renovación, como si el simple cambio de imagen pudiera ocultar décadas de complicidad y omisión.
Es tiempo de despertar. Los dominicanos merecemos algo mejor: líderes con visión, ética y compromiso; propuestas reales que respondan a nuestras necesidades fundamentales; una democracia viva donde la participación ciudadana no se limite al voto, sino que sea el motor del cambio.
No se trata solo de elegir un presidente, un diputado o un regidor. Se trata de recuperar la esperanza, de levantar la voz, de exigir una política al servicio del bien común. Porque un pueblo que no exige, termina siendo gobernado por lo que no merece.

